¿Por qué sigo creyendo en la humanidad?

Cuando veo estos videos sobre bombardeos y tiroteos que ocurren en un lado u otro del mundo, donde la gente llora por sus seres queridos que han sido asesinados, donde todos están en estado de shock y desesperación, donde niños sin partes de sus extremidades claman por misericordia y compasión, donde padres lloran por falta de ayuda, no puedo sino unirme a ellos en tristeza y enojo al mismo tiempo, ¿cómo puede alguien no sentirse igual? Me siento impotente, soy una “nadie” en este asunto, sentada en la esquina de mi habitación viendo cómo otros seres humanos, seres iguales a mí, están siendo literalmente destruidos en pedazos, sin piedad ni remordimiento. Me enoja tanto lo que veo que sólo quiero gritar a todos basta! y lanzar mi computadora contra la pared.

Pero no puedo sólo llorar y gritarle a mi pantalla, y romper mi computadora no va a ayudar a nadie, pero puedo tratar de ser alguien que se suma a la cura en lugar de alimentar el odio; todos podemos. Puedo usar la misma computadora a la que le estoy gritando para canalizar mi ira a contribuir a la cura, para usar mi ira como un combustible para difundir lo que creo; y en lo que creo es en la unidad y la justicia. Unidad significa que todos – o sea todas las criaturas de la Tierra – somos uno, nuestro espíritu es uno y el mismo, y cada uno de nosotros representa una célula en el cuerpo de la humanidad. Justicia para mí significa que cada persona debe recibir lo que merece (castigo o recompensa) y la única manera de ejercer la justicia sin caer en la subjetividad es si se usa como instrumento para la búsqueda de la verdad, y debe ser moderada por la compasión.

No quiero rendirme y simplemente sentir pena por la humanidad como si no me afectara en realidad; y no puedo decir que porque no estoy directamente involucrada en estas tragedias que no debería compartir responsabilidad en lo que nuestro cuerpo de humanidad está atravesando. Diferentes personas y gobiernos están cometiendo atrocidades por diferentes razones, pero las razones por las que se cometen atrocidades no son lo que nos diferencia como seres humanos – no importa por qué alguien mata, todos los asesinos tienen una cosa en común y es que matan, no importa quiénes son y de dónde son, todos están convencidos de que tienen alguna razón para matar – lo que nos diferencia en nuestra calidad como seres humanos es nuestra conciencia y, consecuentemente, nuestras acciones. Y aunque no seamos de los que realmente cometen estos crímenes contra la humanidad, pero somos de los que justifican las acciones destructives de nuestra propia gente o de nuestros gobiernos “por un bien mayor”, o si sólo somos sensibles a los sufrimientos de un lado del mundo pero no por el otro, entonces no somos mucho mejor que los asesinos; sólo somos un mal menor.

Es por eso que expreso lo que creo, porque no quiero rendirme ni ser sólo un mal menor. No me quiero quedar sin esperanza y pensar que el odio es la regla, que la guerra es inevitable, que la codicia y el engaño son inevitables, que destruirnos es inherente a nuestra humanidad. Si lo hago, si elijo creer todo eso, significaría que estoy renunciando a mi poder, no sería mucho mejor que los asesinos y de hecho sería como ellos al perpetuar esas mentiras. Así que creo que en nosotros, en nuestra capacidad de ser mejor que eso, de elevarnos por encima de este comportamiento bestial al que nos hemos acostumbrado tanto, como individuos y como civilización mundial.

Tenemos que pensar más en lo que sí queremos creer y no sólo centrarnos en lo que ya no creemos. Para explicar mejor a lo que me refiero voy a dar un ejemplo: cuando los niños dejan de creer en Papa Noel, cuando se dan cuenta de que no es él quien les trae los regalos, y que por eso ya no tienen que portarse bien, incluso si nadie les está mirando, ¿qué estamos enseñándoles a creer en su lugar? Les enseñamos que quieren portarse bien por su propio bien y para traer felicidad a otros, y tal vez que los regalos son muestras de amor de sus padres. Lo que estoy diciendo es que cuando dejamos de creer en algo que ya no se ajusta a la realidad, tenemos que buscar creer en otra cosa que sí lo hace – por lo menos en la medida en que podemos entender. No debemos quedarnos sin esperanzas.

Y tenemos que pensar de dónde vienen nuestras creencias, cuál es nuestro origen y contexto, quién nos está diciendo qué creer. Por ejemplo, no puedo de forma automática y sin pensar decir que ya que algunas atrocidades están sucediendo erróneamente en nombre de una religión entonces no veo el bien que la religión puede llevarle a la gente, ya que la misma clase de atrocidades son cometidas por otros en nombre de la democracia, por el nombre del crecimiento material, en nombre de la libertad. Y no puedo decir que ya no creo en nada, porque entonces, ¿qué quedaría de mí? Por eso, por ejemplo, creo que Dios es esa fuerza que no tiene ni principio ni fin que alimenta nuestra existencia y que nos mantiene unidos, Dios es la gravedad, es la fuerza de atracción, es el amor. Cada uno de nosotros expresa una característica de Dios cuando sentimos compasión, cariño, impulso por ser justos, por escuchar y querer comprender a los demás, por ser amables y no herir a nadie; se manifiesta cuando nos sentimos conmovidos y en paz cuando contemplamos la naturaleza (porque Dios es el mismo espíritu en nosotros y en la naturaleza); todo esto es nuestro profundo ser, lo más real que podemos ser.

También creo en nuestra capacidad inherente para ser nobles. Creo en que somos mejores que esto que demostramos hoy en día. Tenemos que serlo. Somos mejores que máquinas perversas, que bestias codiciosas que extinguen todo lo que se interpone en el camino de sus propios intereses. Digo esto en el nivel individual y el nivel colectivo – porque a veces también manifestamos estos comportamientos en nuestra vida personal.

Tenemos que empezar pensando en cómo nosotros, como individuos, llevamos a cabo nuestras vidas y nuestras relaciones personales. ¿Qué entendemos acerca de nuestras propias sociedades? ¿Nuestro amor y lealtad van más allá de nuestras propias familias, países o razas? ¿Cómo tratamos a los extraños? ¿Somos justos y compasivos? ¿Somos amables? ¿Incluso con alguien que nos hizo daño? ¿Somos personas veraces? ¿Queremos encontrar siempre y defender la verdad, incluso si va en contra de nuestros intereses? Estas actitudes personales se traducen en la vida colectiva.

En otras palabras, el mundo es lo que somos, cada uno de nosotros; no estamos desconectados de lo que está pasando ahora. Todo lo que hemos aprendido y todo lo que enseñamos a la siguiente generación es lo que da forma a nuestra civilización mundial, lo que da forma a nuestra experiencia colectiva en la Tierra – por ejemplo, los que están en posiciones de poder hoy en día y que están cometiendo estos crímenes contra la humanidad alguna vez fueron niños educados por sus padres y escuelas; y los que se juntan para cometer crímenes similares basados ​​en una concepción errónea de una religión aprendieron a pensar así en algún momento de sus vidas.

Todos somos principalmente resultados de nuestra educación y nuestras experiencias, pero hasta que no seamos conscientes de las fuerzas sociales que influyen en nuestros pensamientos y actitudes no somos más que ovejas que siguen ciega y silenciosamente a algún lobo, hasta que se da la vuelta y nos come también – como podemos ver ahora, ya nadie está a salvo. Se nos ha tratado como marionetas que van de las manos de un dueño perverso a otro durante ya mucho tiempo, y en esta época de comunicación masiva podemos unir fuerzas desde todos los rincones del mundo para hablar y compartir nuestras esperanzas por la humanidad; tenemos que hacerlo por nuestro propio bien y el de las próximas generaciones. Ya no dejemos que se nos diga en qué creer.

Es por esto que yo elijo seguir creyendo en la humanidad y le pido a todos los que todavía creen en algo que no es destrucción que hablen y escuchen a otros. Si no lo hacemos, la incredulidad y desesperanza seguirán contribuyendo a la destrucción del mundo y todo lo que contiene.

 

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Why I still believe in humanity

As I watch these videos about bombings and shootings that happen in one or the other side of the world, where people are crying over their killed loved ones, where everyone is in shock and despair, where children with half limbs are crying out for mercy and compassion, where parents are begging for help, I can’t help but to join them in crying and feeling angry at the same time, how can someone not? I’m feeling impotent, I am a “nobody” in this matter, sitting in the corner of my room watching how other humans, beings equal to me, are being literally destroyed into pieces, heartlessly and without remorse. I’m so angry at what I’m seeing I just want to yell at everyone to stop! and smash my computer against the wall.

But I can’t just cry and yell at my screen, and smashing my computer won’t help anyone, but I can try to be someone that adds to the cure rather than fueling the hate; we all can. I can use the very same computer I’m yelling at to channel my indignation towards contributing to the cure, to use my anger as a fuel to spread what I believe; and what I believe in is oneness and justice. Oneness means that we –as in all the creatures on this Earth – are one, our spirit is one and the same, and each of us represents one cell in the unique body of humankind. Justice to me means that each person should get what they deserve (punishment or reward) and the only way to exercise justice without falling into subjectivity is if it’s used in search for truth, and it should be moderated by compassion.

I don’t want to give up and just feel sorry for humanity like it doesn’t affect me in any way; and I can’t say that because I’m not directly involved I shouldn’t share responsibility for what our body of humankind is going through. Different people and governments are committing atrocities for different reasons, but the reasons why atrocities are committed are not what differentiates us as humans – it doesn’t matter why one kills, all killers have one thing in common and it’s that they kill, no matter who they are and where they’re from, they’re all convinced that their reasons are worthy of killing – what differentiates our quality as humans is our consciousness and subsequently our actions. And even if we are not the ones actually committing these crimes against humanity, but we are justifying our people or governments’ actions “for a greater good”, or if we are only sensitive to the sufferings of one side of the world over the other side of the world, then we are not much better than the killers; we are just the lesser evil.

This is why I say what I believe, because I don’t want to give up nor be just a lesser evil. I don’t want to stay hopeless and think that hatred is the rule, that war is inescapable, that greed and deceit are inevitable, that destruction of each other is inherent in our humanity. If I do, if I choose to believe all that, it would mean that I’m giving up my power, I would be no better than the killers and in fact I become like them by perpetuating these lies. So I believe in us, in our capacity of being better than this, of rising above this beast-like behavior we have become so accustomed to, as individuals and as world civilization.

We need to speak more about what we believe rather than just focusing on what we don’t believe anymore. Think for example about when children stop believing in Santa, when they realize that Santa is not the one bringing them gifts so they no longer need to be good, even if nobody is watching, what are we teaching them to believe instead? We teach them that they want to be good for themselves and for making others happy, and maybe that the gifts are tokens of their parents’ love. What I’m saying is that when we stop believing in something because it doesn’t comply with reality, we need to start believing in something else that does – at least to the extent that we can understand. We shouldn’t stay hopeless.

And we need to think where our beliefs come from, what is our background and context, who is telling us what to believe. For example, I cannot automatically and without thinking say that because some atrocities are happening misguidedly in the name of one religion then I don’t see the good that religion can bring to people, because the same type of atrocities are committed by others in the name of democracy, in the name of material growth, in the name of freedom. And I can’t just say that I don’t believe in anything anymore, because then what would be left of me? Hence, for example, I believe that God is that force that has neither beginning nor end that fuels our existence and that holds us together, God is gravity, is the force of attraction, is love. We each manifest the attributes of God when we feel compassion, sympathy, a drive to be fair, to listen and want to understand others, to be kind and to not break someone’s heart; it manifests when we feel moved and at peace when we contemplate nature (because God is the same spirit in us and in nature); all this is us being our true selves, the most real we can ever get.

I believe in our inherent capacity for being good. I believe we are better than this. We have to be. We are better than vicious machines, we are better than greedy beasts that extinguish everything that gets in the way of their own agendas. I say this on the individual level and collective level – because we sometimes manifest these behaviors in our personal lives, too.

We need to start by thinking how we, as individuals, carry out our lives and our relationships with others. What do we understand about our own societies? Do our love and loyalty go beyond our own families, countries or races? How do we treat strangers? Are we fair and compassionate individuals? Are we kind? Even to someone that harmed us? Are we truthful individuals? Do we want to always find and defend the truth even if it goes against our interests? These personal attitudes translate into the collective life.

In other words, the world is what we are, each of us; we are not disconnected from what it’s going through now. Everything we have learned and everything we teach to the next generation is what shapes our world civilization, what shapes our collective experience on this Earth – i.e. those in positions of power today who are committing these crimes against humanity were children educated by parents and schools once, and those who gang up together and commit similar crimes based on a misconception of a religion were thought to behave this way at some point.

We are all mainly the results of our education and our experiences, but until we don’t become conscious of those social forces that are influencing our thoughts and attitudes we are nothing but sheep blindly and dumbly following some wolf, until it turns around and eats us too – as we can see now, nobody is safe anymore. We have been played like puppets going from the hands of one greedy master to another for too long now, and in this time of mass communication we can join forces from all corners of the world, we can speak up and share our hopes for humanity; we have to for our own sake and of the next generations. We don’t need to be told what to believe anymore.

This is why I choose to still believe in the good of humanity and I ask everyone who still believes in something that is not destruction to speak out and to listen to what others believe. Otherwise disbelief and hopelessness will only fuel the destruction of the world and everything in it.

#socialmediaisnotreallife

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True, it’s not real life. But it doesn’t mean that it has to be a lie, not if we tell the truth.

It’s not real life not only because of the obvious – it’s a virtual life – but also because it is actually impossible to portray the whole of a person’s day to day life, and thoughts and feelings, in a virtual world. But it doesn’t have to be entirely an illusion.

Essena O’Neill did a great job at waking up and realizing that she was not happy because she was not being real to herself, because she was addicted to external validation, because she was lying to herself and making us believe the lie, too (not that she forced anyone to follow her). I really congratulate her for that realization and I really hope more people open their eyes to whatever it is that they are doing that is subtly and showily making them unhappy.

Of course, what she realized is what a lot of people already know, but it’s not until it comes from an Instagram celebrity that this truth could have the potential of being assimilated by the masses. So I’m glad that she had the courage to stop and speak up, and I hope that all her 612 000 followers, and even more new people, follow her recent awakening. I hope we don’t abandon her now because if we do, it would prove that we and not just the models and the corporations, make social media an illusion, an unreal life.

Let’s not talk about social media as if it was extraterrestrial force imposed on us to brainwash us about what we like and want, and who we are. Social media is us, we give it the “social” aspect; whether we are of those who post unreal things or not, let’s not forget that we all make it social together and we make it fake when we encourage each other to be fake, when we celebrate frivolous behaviors. It’s us who follow and like and allow these illusions to exist. We all have a responsibility in that illusion, no matter what age we are, where we live and what are our dreams and fears, if we participate in social media we have the power of showing what we want to show, of choosing who we want to be in the eyes of others; therefore we are influencing it, and making it what it is. So who else is there to blame for the “isnotreallife” part, but us?

It’s up to each of us what we want social media to be. We may not have control on the masses (us regular folks) but at the end of the day we do have control over ourselves and we choose what we share and like, and whom we follow and whom we celebrate.

Being part of social media is great, it’s a privilege of our time and there is nothing wrong with it per se; we’re just choosing to show certain pieces of our lives (from our physical appearance to spiritual awakenings) in order to connect with each other on some level – of course real face to face connections are deeper – whether for sympathy and solidarity or self-validation and marketing the point is that we are connecting with each other and it’s up to us if we make those connections significant and worthy of our time. By worthy of our time I mean a time that is just as privileged with information technology as it is doomed by it, so it’s a time where we can choose the path of humanity, for the future of our civilization; how do we want to go down in history (not just individually but collectively) as social media slaves or social media bosses, where social media is a means of bringing more diverse people together and bringing out the best of each other, not our lowest.

But on the other hand, I’m afraid that her awakening and courage will misguide some people to believe that we must now condemn and judge anyone who cares about their personal look and shares it in social media. There is nothing wrong with wanting to look nice, attractive and cool (in virtual or real life), we don’t need to condemn everyone who shares a nice photo of themselves or everyone who likes looking a certain way. I believe the standard is moderation for both sides (the one posting and the one judging) and this means that what we want to be careful with is not with letting our appearance control us, not letting our image and external validation control us.

Essena confessed that she was hooked to external validation, and I can see how that can happen in a mass global social platform as Instagram. It happens partly because it’s something that is constantly active; mass social platforms are on 24-7, so you can potentially get likes on one post for hours non-stop, so the gratification is constant. If you do this everyday, especially with staged “fake” images, you will have no choice but to define yourself by cold numbers and forget who you actually are and what you actually want. Waking up from the midst of that takes real illumination so, again, I congratulate her for it.

On this note, I’m not going to judge why anyone seeks external validation or even if their intention with dressing and acting in a certain way is for validation or not. I could say that seeking external validation is due to a low self-esteem and I feel sorry for those who only post photos of their bodies but I don’t want to put everyone in the same category because we can’t presume to know other people’s reasons, we can’t assume everyone is the same and we never know where someone’s behavior stems from, we don’t know their background and context, so we need to stop assuming and judging each other.

So let’s calm down with the judgments on who is sharing too much or caring too much (or too little) and let’s focus on what we are doing and what we are contributing to, instead of judging who is not “cool” or “amazing” enough, or on the other hand, not smart or deep enough. Let’s focus on what we, as individuals, are celebrating and promoting, and let’s make sure we are not lying to ourselves with a fleeting moment of “happiness” because at the end of the day we are the only ones who truly know why we do the things that we do and what we are trying to cover up. And when we are 80 years old there will be no amount of accumulated likes that will convince us that we had a happy life when we really just spent it satisfying others’ expectations. So #letsbegamechangers.

How our tolerance can sometimes be intolerable

Ever since the explosion of sad news – and some with happy ending – about the refugees and displaced people from conflict zones happened, people from everywhere have been saying and writing all sorts of things. There is so much to think and feel about this subject that I understand how overwhelming it can be, but I think in this discussion we are forgetting certain fundamental principles; principles that allow us to call ourselves a world civilization, as opposed to just a bunch of herds coexisting (hardly) next to each other. Which is why I think it’s very important that we revise some common concepts before we continue the discussion (though there shouldn’t even be a discussion in the first place), starting with one of the most used words around this topic: tolerance.

Some of us like to think of ourselves as good people. We tolerate those who we consider different to us, those who live differently, who think differently and look differently; we accept the fact that they have the right to live on this planet, too. We are good because we have no problem accepting those who have different views of reality, as long as they don’t disrupt our lives, and if somehow we have to interact with them – say, we work with them – we tolerate them but for the sake of harmony and peace, certain topics should not be discussed and certain behaviors should not exposed; and if they are, we put up with them and we say good on us, we are tolerating their existence.

To be honest, I don’t see the merit there whatsoever. In fact, “tolerating” someone under those terms is irrelevant and condescending. First of all, we don’t need to practice tolerance towards people or ideas that have no consequence in our lives – let’s say because they are in a far land or because they’re not relevant to our environment –, that’s not tolerance, that’s just us not being able to do anything about them, or choosing to ignore them, that’s us being indifferent. Second of all, it doesn’t require practicing tolerance towards people who we consider different to us but want the same things that we do and act like we do, at least in front of us; in other words, someone “different” who is trying to mold into our society. In this case, the fact that we “let” them live and try to fit into our society – as in, we are not doing anything to stop them from having the same opportunities we were just lucky to be born with, in a land that doesn’t belong to anyone but Earth– doesn’t mean we are practicing tolerance, it means we are barely being decent human beings.

Moreover, it does not qualify as tolerance if we are just putting up with someone, or with their ideas. Putting up with a person in front of them but then mock or degrade them when they are not around is not tolerance, it’s hypocrisy. To believe that differences in races, cultures or religious beliefs are legitimate grounds for divisions in the world, and potentially discrimination, but that we must bear with these differences in order to be able to call ourselves “good people”, is not tolerance; in fact, this is intolerable. To consider someone inferior or an enemy and “tolerate” them is intolerable. If tolerance is not carried out with sincerity then it’s not tolerance. It must come from a place of sincerity and respect, because to practice tolerance means to genuinely accept – and in some cases even celebrate – ideas and ways of life from people who are different and that do not want to be like us.

Tolerance implies accepting opposite ideas; ideas that are based on principles and convictions. Since these types of ideas could potentially be changed, we are being tolerant only when we choose to not do anything to change them in someone else. Tolerance only plays a role when we can, potentially, do something about changing someone’s mind – or behavior – but we choose not to for the sake of freedom of conscience. In a deeper level, tolerance is when something is against our own interest but we accept it for the sake of someone else.

Note that expressing disagreement with something doesn’t mean one is being intolerant; in fact, this is part of holding a conversation – as long as we are sure we understand that thing we are disagreeing with – and it is ok to express a different perspective on something if what we want is to find the truth, as opposed to just prove that we are right.

Nonetheless, tolerance is just one of the first steps in our journey to achieving genuine respect and love; it’s the bare minimum we should exercise as the civilized educated people that we consider ourselves to be. We are only talking about tolerance now because, as a world civilization, we are still quite far from practicing universal love. Tolerance is a first step and not the ultimate goal because its basis is the acknowledgment that something is unequal to us, that something is incongruent with our personal understanding of reality and in order to survive in peace with others we must tolerate it; it relies on differences, it implies that something abnormal for us must be treated as tolerable – this is why we often confuse this word with bearable, they don’t mean the same and we should not use them interchangeably. Tolerance springs out of love, out of respect, out of a genuine appreciation for diversity, with openness of mind. So ultimately, we want to replace intolerance not with tolerance, but with mutual respect, forbearance and love.

We want to tolerate based on the understanding that freedom of conscience allows widening of ideas, we tolerate for the love of truth, for the love of learning, for the love of expanding and changing our minds. Tolerance comes from the fact that we accept that we cannot know it all, that we cannot grasp the whole truth. Thus tolerance is rooted in humility, from accepting our weakness to grasp the whole truth. And it is our individual moral obligation to search for truth and uphold it; but this cannot be achieved by attaching to what we already know, or think we know, while we dismiss opposed ideas. When we hold on too much to an idea we become inflexible and intolerant.

Being firm in our principles is one thing but being set in our ways in terms of paradigms and standards can actually be detrimental for our evolution as civilization. What we want is to constantly learn more, refine our thoughts and understanding of reality – visible and invisible. We don’t want to be conformed with our understanding of something at any point, understandings can be constantly improved. Our paradigms can change and they must change, they must improve, we must change our minds constantly as we learn new views. As individuals and as societies, we don’t strive because of “firm beliefs” or being short sighted; we strive for continuously expanding our knowledge. And a genuine respect and love for different people, firstly manifested through tolerance, is the key for success in that matter.

However, this brings up the question of if universal love is the purpose, does this mean we must be tolerant with the intolerant? Where does justice play a role? If we are tolerant to everyone including the dangerous behaviors then our society would be wiped out. Of course one must stand in the face of injustice, for the sake of tolerance and universal love one must not be indulgent with injustice. The purpose of tolerance, we need to remember, is unity. Being tolerant with divisive behaviors such as racism, religious discrimination and sexism is counterproductive for tolerance. We would be perpetuating an unjust society. However, it’s these behaviors what we must not tolerate, not the perpetrator. But bearing in mind that it is one thing to find offense in what others say or do, and another thing is to feel aversion for what they are. We regard some actions as despicable but not the person. We may not accept what others say or do but we accept what they are: humans that can learn, like all of us. Everyone can be educated under the standard of justice – that is, to be committed to truth as oppose to lies or misconceptions – and kindness. Let’s not forget that just like we are tolerating someone, someone else is tolerating us.

¿Cómo nuestra tolerancia puede a veces ser intolerable?

Desde que la explosión de noticias tristes – y algunas con final feliz – sobre los refugiados y desplazados de zonas en conflicto empezaron, la gente se ha puesto a hablar y escribir todo tipo de cosas. Hay tanto que pensar y sentir al respecto que entiendo que las discusiones alrededor del tema son muy abrumadoras, pero creo que nos estamos olvidando algunos principios fundamentales; principios que nos permiten llamarnos civilización mundial, y no un montón de distintas manadas humanas coexistiendo (apenas) unas al costado de otras. Por eso creo que es importante que revisemos algunos conceptos comunes antes de continuar discutiendo (aunque ni siquiera debería haber una discusión en primer lugar), comenzando por una de las palabras mas usadas dentro de esta discusión: la tolerancia.

A algunos nos gusta pensar que somos buenas personas. Toleramos a aquellos que consideramos diferentes a nosotros, a los que viven de manera diferente, que piensan diferente y lucen diferente. Aceptamos el hecho de que también tienen derecho a vivir en este planeta. Somos buenos porque no tenemos ningún problema en aceptar a aquellos que tienen perspectivas diferentes sobre la realidad, siempre y cuando no perturban nuestras vidas, y si de alguna manera tenemos que interactuar con ellos – por ejemplo, trabajar con ellos – les toleramos pero, por el bien de la armonía y la paz, es mejor no discutir ciertos temas y no exhibir ciertos comportamientos; y si lo hacen, los aguantamos y decimos bien por nosotros, estamos tolerando su existencia.

Para ser honesta, no veo el mérito ahí en absoluto. De hecho, “tolerar” a alguien bajo esos términos es irrelevante y condescendiente. En primer lugar, no es necesario practicar la tolerancia hacia las personas o ideas que no tienen ninguna consecuencia en nuestras vidas – digamos que porque viven en una tierra lejana o porque no son relevantes a nuestro entorno – eso no es tolerancia, eso es no poder hacer nada al respecto, o elegir no hacerles caso, eso es ser indiferentes. En segundo lugar, no se requiere practicar tolerancia hacia personas que consideramos diferentes a nosotros pero que quieren las mismas cosas que nosotros y que actúan como nosotros, al menos delante de nosotros; en otras palabras, alguien “diferente” que está tratando de moldearse a nuestra sociedad. En este caso, el hecho de que “les dejamos” vivir y tratar de encajar en nuestra sociedad – o sea, no estamos haciendo nada para que no puedan alcanzar las mismas oportunidades con las que tuvimos la suerte de nacer, en una tierra que no pertenece a nadie más que a la Tierra – no significa que estamos siendo tolerantes con ellos, significa que apenas estamos siendo seres humanos decentes.

Por otra parte, no se considera tolerancia el sólo aguantar a alguien, o sus ideas. Aguantar a alguien en su delante pero luego burlarse o degradarlo cuando no está presente no es tolerancia, eso es hipocresía. Creer que las diferencias entre razas, culturas o creencias religiosas son razones legítimas para dividir al mundo, y potencialmente generar discriminación, pero que hay que aguantar estas diferencias a fin de que podamos llamarnos “buenas personas”, no es tolerancia; de hecho, eso es intolerable. Considerar a alguien inferior o enemigo y “tolerarlo” es intolerable. Si la tolerancia no se lleva a cabo con sinceridad entonces no es tolerancia. Debe nacer con sinceridad y respeto porque practicar la tolerancia significa realmente aceptar – y en algunos casos incluso celebrar – ideas y formas de vida diferentes de personas que no buscan ser como nosotros.

La tolerancia implica la aceptación de ideas opuestas; ideas que se basan en principios y convicciones. Ya que este tipo de ideas potencialmente se podrían cambiar, estamos siendo tolerantes sólo cuando optamos no hacer nada por cambiar las ideas o maneras de ser de otra persona. La tolerancia sólo entra al juego cuando podemos, potencialmente, hacer algo para cambiar la mentalidad de alguien – o comportamiento – pero elegimos no hacerlo por el bien de la libertad de conciencia. En un nivel más profundo, la tolerancia es cuando algo está en contra de nuestro propio interés pero lo aceptamos por el bien de otra persona.

Hay que tener en cuenta que expresar desacuerdo con algo no significa que uno está siendo intolerante; de hecho, esto es parte de mantener una conversación – siempre y cuando estamos seguros de que entendemos aquello con lo que estamos en desacuerdo –, y está bien expresar nuestra perspectiva diferente sobre algo si lo que queremos es encontrar la verdad, en lugar de simplemente probar que tenemos razón.

Sin embargo, la tolerancia es uno de los primeros pasos en nuestro camino hacia el respeto genuino y el amor; la tolerancia es lo mínimo que debemos ejercer como las personas educadas y civilizadas que consideramos que somos. Sólo estamos hablando de tolerancia ahora porque, como civilización mundial, todavía estamos muy lejos de practicar el amor universal. La tolerancia es un primer paso y no el objetivo final ya que su base es el reconocimiento de que algo es desigual a nosotros, que algo es incongruente con nuestra comprensión personal de la realidad y que sólo por el bien de sobrevivir en paz con los demás debemos tolerarnos; la tolerancia se basa en las diferencias, implica que algo anormal para nosotros debe ser considerado tolerable – es por eso que muchas veces confundimos esta palabra con “soportable”, no significan lo mismo y no deberíamos intercambiarlos. La tolerancia brota del amor, del respeto, de un genuino aprecio por la diversidad, con apertura de mente. Así que, en última instancia, queremos reemplazar la intolerancia no con tolerancia, sin con respeto mutuo, paciencia y amor.

Además, queremos tolerar porque entendemos que la libertad de conciencia permite la ampliación de nuestras ideas; toleramos por el amor a la verdad, por amor al aprender, por amor a la expansión de nuestras mentes y por cambiar de parecer. Tolerancia viene del hecho de que aceptamos que no podemos saberlo todo, que no podemos comprender toda la verdad. Por lo tanto la tolerancia tiene sus raíces en la humildad, en que aceptamos nuestra incapacidad para captar toda la verdad. Y es nuestra obligación moral individual buscar siempre la verdad y defenderla; pero esto no se puede lograr si nos aferramos a lo que ya sabemos, o creemos saber, mientras que rechazamos ideas opuestas. Cuando nos aferramos demasiado a una idea nos convertimos en inflexibles e intolerantes.

Ser firmes en nuestros principios es una cosa, pero ser inflexibles con nuestros paradigmas y estándares de la realidad puede ser perjudicial para nuestra evolución como civilización. Lo que queremos es aprender más constantemente, refinar nuestros pensamientos y comprensión de la realidad – visible e invisible. No queremos conformarnos con nuestra comprensión de algo en ningún momento, nuestro entendimiento sobre algo puede mejorar constantemente. Nuestros paradigmas pueden cambiar y deben cambiar, deben mejorar, no hay nada de malo en cambiar nuestra mentalidad a medida que vamos aprendiendo nuevas perspectivas. Como individuos y como sociedades, no triunfamos gracias a nuestras “creencias firmes” o por ser “inteligentes” sin visión; triunfamos gracias a la expansión constante de nuestros conocimientos. Y un verdadero respeto y amor por personas diferentes, manifestado primero a través de la tolerancia, es la clave para el éxito en este aspecto.

Sin embargo, esto nos lleva a la cuestión de, si el amor universal es el propósito, ¿esto significa que debemos ser tolerantes con los intolerantes? ¿Dónde juega la justicia un papel? Si toleramos a todos, incluyendo a los que tienen comportamientos peligrosos, entonces nuestra sociedad desaparecerIa. Por supuesto, tenemos que hacerle frente a la injusticia, por el bien de la tolerancia y el amor universal no podemos ser indulgentes con ella. El propósito de la tolerancia, debemos recordar, es la unidad. Ser tolerantes con comportamientos divisivos como el racismo, la discriminación religiosa y el sexismo es contraproducente para la tolerancia. De esa forma estaríamos perpetuando una sociedad injusta. Sin embargo, son esos comportamientos lo que no debemos tolerar, no el autor. Hay que tener en cuenta que una cosa es condenar los actos injustos, y otra cosa es sentir aversión por esas personas. Las acciones las consideramos despreciables, no las personas. En esos casos hay que recordar lo que al final son: seres humanos que pueden aprender, como todos nosotros. Todo el mundo puede ser educado bajo el estándar de la justicia – es decir, comprometerse con la verdad en lugar de mentiras o ideas erróneas – y de la amabilidad. No olvidemos que así como estamos tolerando a alguien, alguien mas nos está tolerando a nosotros.